una noche sin poder dormir
un peta me encendí.
Fumé a gusto, fumé contento
y todo el humo entró dentro.
Mirando por la venta, colocado,
un unicornio pasó volando.
Me caí al suelo del susto
pero seguí fumando con mucho gusto.
Entonces tuve una revelación,
en una nube vi a Dios.
Me dijo que sin más demora
me hiciese una gayola.
Obedecí sin dilación
y lo hice en el sillón.
Me dijo alto y claro
que en unos meses estaría en paro
pero desde la esquina oscura
yo la seguía teniendo dura.
Le di un ultimo calo
al porro casi acabado
Al rato me corría
con mucha alegría.
Después en la cama me tumbé
aunque me apetecía un bocadillo de paté.
FIN
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