Es una sensación odiosa, hacía muchísimo que no la sentía... Es como si los elefantes de la canción de la tela de araña pasaran uno por uno encima de mi estómago, pisando fuerte, dejando huella...Quitándome la respiración. Me pongo boca arriba y al principio procuro no mirarle, no se si se cruzarán nuestras miradas otra vez...pero cuando lo hago puedo distinguir los matices de su piel, iluminados por los colores de la televisión. Sus mejillas coloradas y sus ojos brillantes despiertan algo en mi... Mi mano en acariciando su cara consigue apartar su mirada de la televisión pero se vuelve a poner tenso cuando sus ojos paran en mi boca. Ya no tengo ningún control sobre mi cuerpo, me incorporo y apago la televisión. Dejo de obedecer a mi cerebro y empiezo a actuar por impulsos. Ahora, sin nada mas que el brillo de la luna que entra por la ventana, parece mucho mayor, como si en un solo segundo todo el peso de los años le hubiesen afectado. Me mira fijamente sin saber que voy a hacer. Yo tampoco lo sé... Me pongo sobre él, cara a cara, y su expresión de sorpresa y asombro hace que se me escape una pequeña carcajada. Nos separan unos treinta centímetros que deseo con fuerza que desaparezcan. Está muy serio, demasiado, mirándome fijamente a los ojos y me pone insegura. El corazón se me para. No debería estar tan cerca suya,seguro que piensa que estoy loca, querrá que me aleje de él cuanto antes. Me deslizo hacia donde debería de estar sentada pero no puedo moverme más de dos segundos, su mano me vuelve a colocar encima suya... Tanto tiempo esperando este momento, que me es casi imposible describirlo con exactitud... Mi sonrisa y la suya unidas, por fin, en un beso tras otro, nuestras lenguas, con sus mejores galas para este gran baile y nuestras manos desnudándonos, con ganas y ciertas prisas, pero a un mismo compás...
- No, aquí no.- Entrelazó su mano con la mía a la par que me levantó, aunque mi boca se quejaba por deseo y capricho de volver a comer de la miel que tanto ansiaba y un segundo antes tenía. Se levantó con tal movimiento que a la que terminaba de erguirse su boca quedaba otra vez pegada a la mía.
- Si no me vas a besar...- dije casi con voz de desesperación en un susurro- no seas malo y alejate un poco...
Tardó menos de una décima de segundo en recorrer esos milímetros que separaban nuestros labios pero fue, o a mi me pareció, un beso demasiado corto. Sus ojos me suplican que le siga hasta la habitación y mi cuerpo también. Le doy la espalda un momento para cerrar la puerta pero en ese momento quedo atrapada en sus brazos de nuevo. Sus besos lentos en mi cuello, ese leve roce con mi piel...se estremece con cada contacto con él.